FANZINE DE ORTOGRAFÍA
Una cala ortográfica con nombre propio

El fanzine (acrónimo de fan –fanatic– del magazine -revista-), convertido en manual de estilo, es una tarea creativa que, en formato papel, con letra legible y un espacio entre líneas mesurado, facilita la revisión de normas ortográficas con la curiosidad de quien investiga y profundiza en la norma, y de quien, desde la observación de su entorno, la deduce y descubre el error.
Con una estructura ordenada, como texto expositivo resultado de una investigación, plantea sus objetivos en la introducción; desarrolla el cuerpo del trabajo centrándose en normas básicas (reglas de acentuación, de puntuación, uso de mayúsculas, escritura de siglas, símbolos…) y, finalmente, ofrece sus conclusiones, e incluso, un glosario.
Un proceso creativo pausado, al que se asocian, bien concebido, distintos objetivos vinculados al conocimiento, la aplicación y la evaluación.
Un manual de estilo y una guía de corrección como estrategia de refuerzo, afianzamiento y consolidación en la que plantearnos cuestiones que cabe ilustrar con ejemplos del entorno, donde la frecuencia de uso facilite la observación inmediata. Una guía que responde al enfoque comunicativo por tareas. Convertido su autor/ a, además, en su propio editor/ a. Se trata de una publicación casera, artesanal, que pretende ser atractiva para que otros la lean, recurriendo a una encuadernación fácil y con elementos emergentes, imágenes complementarias, epígrafes, viñetas de opinión…
Ángela Lorente Gomariz, alumna de 4.º ESO CB, que ha comprendido la finalidad de la tarea, no ha puesto el acento en ese producto final, convertido en fuente de consulta ampliable, modificable, como fascículos de una colección ilimitada, sino en el proceso mismo, que le ha llevado al trabajo autónomo, paulatino y consciente, con que saciar la curiosidad por aprender y mostrar actitudes que no solo revelan su disposición ante el trabajo (responsabilidad, perseverancia, constancia, iniciativa, rigor…), sino con los demás, mostrando interés, respeto, participación activa y preocupación, y con la propia materia, apreciándosele curiosidad, predisposición a recibir información y sensibilidad ante el contenido mismo -lingüístico- y ante la forma de comunicar -sensibilidad estética-.
No hay plan ortográfico que se base en la rapidez, en la precipitación, sino en estrategias de intervención lentas, que impliquen la indagación y comprobación en el diccionario y la práctica de la escritura. Todo encaminado a satisfacer necesidades comunicativas.
A Ángela Lorente hay que agradecerle, finalmente, su generosidad y modestia. Y de su ejemplar manera de diseñar su labor diaria, sin renunciar a la complejidad y sin picaresca, y con una demostración diaria de respeto y entusiasmo por aprender, también, hay que agradecerle que ofrezca la imagen viva del camino del aprendizaje, que no es el de la renuncia al esfuerzo ni la renuncia al desarrollo autónomo creciente, donde se ha de buscar la motivación, que, como el gusto, se entrena y se desarrolla en la práctica.
Más…
(Emilia Morote Peñalver)
